En 1907 se registra la venta al ferrocarril Pacífico -actualmente línea General San Martín- de seis manzanas mas varios lotes adyacentes. Aquello era un descampado, poblado de malezas, que primero fueron chacras para luego convertirse en zonas de quintas. Hoy cuesta entender como aquél grupo de pioneros pudieron concebir y construir allí el campo de golf, siendo la única explicación, el amor por el deporte. Al poco tiempo se inicia la construcción del Barrio Obrero “Villa Raffo”, que actualmente existe. En el mismo año, por iniciativa de un grupo de ingleses vinculados a la actividad ferroviaria que compartían la pasión por los vinculados a la actividad ferroviaria que compartían la pasión por los deportes, el sabor del whisky y la música alegre de sus gaitas, crean una institución que llaman “Club Atlético Buenos Aires Pacífico”. En un principio fueron dos casillas de madera con las que se dio comienzo a algunas actividades deportivas y se inició la construcción de la cancha de golf. Los primeros nueve hoyos complejos y laboriosos lentamente fueron conformando la cancha.
En aquellos tiempos los transportes eran inexistentes, los caminos de tierra convertían en una aventura y en una rutina tediosa el acceso al Club. Sin embargo la zona alentaba la esperanza de la inauguración de la Estación Sáenz Peña, para que con eficiencia y horarios a la inglesa, se facilitara el traslado de los socios desde la Capital hasta unas pocas cuadras del Club.
Los hechos que más han fijado en su memoria los testigos presenciales de aquellas épocas, son la mágica transformación de aquellos yuyales en jardín, merced al entusiasmo y sacrificio de un puñado de pioneros que no contaban con las maquinarias ni herramientas apropiadas. Ellos mismos nos cuentan que cortaban el pasto alto del rouge de 30 centímetros con una segadora o alfarera muy rudimentaria, traccionada por caballos. Para los fairways usaban otro de corte mas bajo. Durante la primera década de este siglo, Buenos Aires albergaba a un poco mas del millón de personas y la pequeña porción de Villa Raffo estaba constituida por cincuenta y dos argentinos y ciento cuatro extranjeros.
Según nos cuenta Kilo Mac Gann, su primer recuerdo imborrable fue la nevada en invierno del año 1916, que cubrió todo con un manto blanco, creando un feriado instantáneo. Todos salieron a la cancha para realizar un carnaval de bolas y muñecos de nieve acompañado de risas y revolcones que duró hasta el anochecer.
Como antes se mencionó, en aquellas dos primeras casillas se sentaron las bases del “Club Atlético Buenos Aires Pacífico” que incluía entre otros deportes la práctica de golf. Pero el auge obtenido en tan breve tiempo y el deseo de competir oficialmente con otras entidades afines, motivaron a sus directivos a crear una Asociación exclusiva de golf denominada “Buenos Aires and Pacific Railway Golf Club”. El Ferrocarril Pacífico daba entonces su nombre a nuestro Club pero luego, al ser adquirido por el gobierno en 1948 durante la presidencia del General Juan D. Perón, cambió de nombre al modificarse el de la línea por Ferrocarril General San Martín. Este a su vez pasaría a ser el bautismo definitivo de nuestra Institución, que se convirtió en el Golf Club Gral. San Martín. Este ferrocarril unía las ciudades de Buenos Aires -Estación Retiro- con la ciudad de Valparaíso, sobre el Océano Pacífico. De allí surgieron el nombre y los colores que, según se cuenta, fueron inspirados por nuestra naturaleza: el verde, por el paisaje de nuestras llanuras; el blanco, por la nieve eterna de la cordillera y el azul intenso, además del Sol Naciente, símbolo soberano de nuestra bandera.
El transporte mejoró cuando recién el 9 de julio de 1926 se inauguró la Estación Sáenz Peña. Para el traslado de socios y del personal, se disponía de un par de coches estilo “Mateo” que circulaban de la estación al Club. Al poco tiempo se habilitó un ramal a Villa Luro que empalmaba con el ferrocarril del Oeste y poco tiempo después, para comodidad de los asociados se crea un apeadero a la entrada del Club, que estaba en la esquina, donde actualmente se encuentra el acceso al sector de caddies, funcionando de una manera un tanto particular. El jefe de estación disponía de una fuerte alarma que accionaba cuando partía el tren. Dicha alarma sonaba en el bar del Club, el comedor y los vestuarios. Cuatro minutos tardaba el tren en llegar al apeadero, momento en el que los asociados se movilizaban hacia allí para detener su marcha mediante señas al maquinista, y si alguno se demoraba en el vestuario, pedía que intercedieran para que el maquinista lo aguardara. Este tenía instrucciones de aguardar hasta tres minutos y si no hacían señales de alto, podía continuar su viaje. Así de sencillo era el sistema. Para 1930 las calles ya estaban pavimentadas y el Ferrocarril levantó su Ramal a Villa Luro por no ser rentable. Ya en esta época existía el colectivo que hacía varias veces por día el recorrido, que finalmente fue suprimido cuando la mayoría de los socios disponía de autos propios.
Es evidente que el hecho trascendental que ayudó para que los deportes en general se hayan difundido como se hizo, fueron las mejores vías de transporte. En nuestro caso, la inauguración del ramal de la Estación Sáenz Peña fue el puntapié inicial para que el número de socios pudiera crecer y también el empuje de las comisiones directivas. En pocos años se lograron realizar las obras con inusitada continuidad.
En aquella época existían ciertas reglas como no admitir que los menores y las socias jugaran los fines de semana. El miércoles era día de damas y después de jugar, se reunían a tomar el té. Se respetaba rigurosamente el “Ladies Day” y un sábado por mes, jugaban un mixed-four-some con los socios. Según cuentan los memoriosos, la nómina de los profesionales que pasaron por el Club, comienza antes de 1915 con T. Okenden, luego J. Eustace y a partir de 1915, R. Frecedo, J.C. Posse y S. Frías. Los que se formaron en el Club fueron: Delfino “Fino” Rosa, Antonio Peralta, los hermanos “Chaca” y “Negro” Romero, Luis Garro, Hugo Vizzone, Rafael y Juan Anello, Ricardo Marzorati, O. Peralta y Diego Ferrari.
Estos tres últimos fueron representantes del equipo del Club en sus tiempos de amateurs. Tomás Genta fue el primer master caddie y en el año 1930 fue invitado con otros jugadores argentinos a participar del Abierto de Francia.
Al principio el Club disponía del predio que ocupaba por concesión gratuita y luego como arrendatario del Ferrocarril Pacífico. Durante muchos años los persiguió la sombra de la expropiación. Sin embargo, el espíritu de lucha por conservar lo ya logrado no era solamente por una cancha de 18 hoyos con su respectivo Club House, sino el de la acción inquebrantable que no pensaba en resignaciones, estando todos unidos y dispuestos a ofrecer ayuda por pequeña que fuera. Finalmente la oferta de compra llegó en 1990 y se concretó en 1994. Es importante resaltar la ecuanimidad de los procedimientos de las autoridades presidenciales, legislativas, ministeriales y comunales, que junto a los directivos del Club hicieron posible llegar a un muy buen acuerdo.
Durante muchos años la cancha tuvo sus retoques y un marcado diseño típico inglés, pero sobre los ´70 se hicieron cambios en los bunkers y en fairways con el fin de modernizarla y hacerla más a la americana. En los últimos años se plantaron mas de 600 árboles y se efectuó un trabajo de drenaje en todo el campo. El Club se ha transformado en una institución familiar y la mujer tiene su lugar, organizando sus propios torneos.
La tarea emprendida ha sido muy dura para todos los socios, pero el antes angustioso, es una ahora felíz. Los 91 años de existencia desde la creación oficial de la institución y sus 96 años desde el inicio de sus precarias casillas forman parte del legado histórico de casi cuatro orgullosas generaciones.

Asociación Argentina de Golf.
El Clima.
